miércoles, 17 de junio de 2015

El dinosaurio más viejo, el amor.

¿Qué es el amor? El amor es una ilusión de perfección, de armonía, de pájaros silvestres cantando y una pradera interminable de tulipanes coloridos y en donde las canciones de Pablo Alborán o Alejandro Sanz cobran su pleno sentido, pero eso queda ahí en una idílica descripción que consigue asemejarse más a un cuento de hadas que la propia factoría Disney.

Cuando dicho amor se lleva a la práctica descubrimos que el amor es un contrato social, y uno de verdad, no el panfleto que Rousseau (permítidme la dramatización) escribió para la posteridad de algo llamado Ilustración, una pena que de ella no nos quede más que el nombre y una especie de genio loco que los políticos no saben ni tratar ni curar. Descubrimos un tesoro sin riquezas materiales solo cosas abstractas que puede que jamás en la vida hayamos conocido como la primitiva confianza, la esperanza datada de tiempos paleolíticos, la legendaria convivencia entre dos o una especie autóctona rara vez vista, un híbrido de la familia de la felicidad. Cosas que ya nuestros abuelos nos hablaban de ellas y que poco a poco han ido extinguiéndose y esta vez ni un volcán, ni un meteorito ni una glaciación han sido la causa.

Quizás esté en las personas perfeccionistas que constantemente están igualando la balanza en lugar de entender que el amor es caprichoso y que siempre estará un lado más inclinado que el otro e irá oscilando en cada ocasión. También cabe la posibilidad de que los culpables hayan sido esas parejas que creen vivir en un palacio y hacer tartas o comprar cojines a juegos es la máxima prioridad, no, la convivencia es estar dispuesto a servir a tu persona y vivir en trincheras de asalto cada vez que estalla la guerra por ver quien tira la basura o a quien le toca hacer el baño. O que por ejemplo la culpabilidad resida en las parejas que creen que el amor es gastarse el dinero en cine y cena cara más copas en un pub sofisticado en la zona más pija de la ciudad cuando a la hora de comer o cenar cada pareja ha de tener su tablero de monopoli desplegado con los kebabs, chinos, bares y los mejores menus de 7,50.

Da igual, el verdadero amor se muere y su única medicina está en personas que dicen amar y no aman, en parejas llenas de desconfianza y odio, en personas que besan a su "otra mitad" pensando en que acaban de salir de la casa de otras después de haberse pasado las leyes amorosas por donde el sol no entra nunca, aunque viviendo en España no solo el tema amoroso tenemos ese ejemplo. ¡Jueces y tribunales de justicia del amor! este país se encuentra lleno de delincuentes y su sucia venda de corrupción no os deja verlos.

Pero bueno tengo 18 años y que quede claro, no es que me haya enamorado y por eso escribo esto, solo denuncio lo que veo, y lo que veo es un mal uso de este tan antiguo y valioso fósil que es el amor. A pesar de mi juventud y de lo que quieran decir yo ya me enamoré y tengo la gran suerte de seguir contando con mi otro firmante en este contrato social, con mi imperfección más perfecta, con mi enemigo a muerte de la trinchera de enfrente y con mi ficha de la suerte para jugar al monopoli, yo al menos me se las normas cuido bien de este dinosaurio.




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