sábado, 7 de noviembre de 2015

Cristales.

Esta noche necesito pensar en el alma humana, necesito saber que ser fuertes es solo una opción y no una obligación, pero, sobre todo, necesito entender al monstruo que el miedo crea en nosotros.

Es difícil pensar que las aguas tan turbadas de la mente llegan a estar en calma alguna vez, para mi esa afirmación está más cerca del mito que de la realidad. Mi mente se llena de miedo cuando despierto y no cesa hasta verme dormida, aunque en ocasiones ni hasta en mis noches me deja, porque entonces toma la forma de sueños y pesadillas.

Cuando alguien admira a una persona que es extravertida, alocada, ocurrente, optimista, vivaz y alegre, no sabe en qué bosque se ha adentrado. Ese tipo de personas, queremos hacer entender que los problemas no son gran cosa y que todo puede solucionarse. Necesitamos aparentar tranquilidad y transmitir seguridad en uno mismo, pero realmente el mundo interior de una persona de tales características, es mucho más profundo.

La sensibilidad que poseemos es común y nos hacemos daño y nos hacen daño. En ese mundo interior no existe seguridad alguna, la que aparentamos es la fuerza que cogemos de las personas de nuestro alrededor. Por eso las relaciones con vosotros, las críticas y valoraciones son tan importantes que únicamente de ellas depende toda esa fachada pintada bonita y construída a malas manos, comúnmente conocida como personalidad.

Tienes a tanta gente que depende de tu valentía y apoyo que cualquier traspiés o tropezón supone un abismo de miedo infernal a fallar. No nos da igual todo pero preferimos seguir adelante con temple frío mientras por dentro lloramos cristales rotos.

En pedazos nos quedamos muchas veces, pero solo lo manifestamos cuando estamos solos y nuestra historia toma forma aterradora y nuestro miedo se ahoga en lágrimas.

Una falda que resalta unas piernas totalmente imperfectas e indeseables por las que odias tu naturaleza, personas que te hunden moralmente, situaciones que te presionan, sueños en mil pedazos, un espejo que te muestra la fealdad personificada, momentos en los que sientes la soledad hasta en la piel, un pasado que aprieta y no suelta, una autoestima echada a tierra y enterrada por los modelos de hoy en día, ganas reprimidas de chillar, ansia de libertad, miedo de no ser o dejar de ser... Y todo ello siempre en silencio, sin que nadie lo sepa, siendo callado por una cabeza que piensa que es mejor que las personas que te quieren y divisan luz en ti, te vean sonreír, amarga, pero felizmente.



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